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El Perseguidor

Bocha

Un poema que el escritor Héctor Negro, hincha de Independiente, que dedicó al genial y eterno 10 del Rojo.

¿Quién podrá agradecerte la alegría?

¿Cuántas voces precisa el verso mío

para decir la agreste poesía

que dibuja tu tranco de baldío?


Y el Chaplin que llevás, y esa estatura

de gigante pequeño, y la burbuja

que suelta el malabar de tu diablura,

cuando metés un “caño” en una aguja.


¿Quién podrá devolverte tanta fiesta?

¿Con qué pagar tanto gozoso instante

que nos dieron, che Bocha, a toda orquesta,

la pelota y tus pies calzando guantes?


Si habrás llenado tantas tardes mustias,

lujoso de arabescos y reflejos

que desataban nudos, mufa, angustias,

o sacaban un gol como un conejo.


Los magistrales quiebres de cintura,

el amague feliz, la gran pirueta

de esconder la pelota, o la locura

de bordar media cancha con gambetas.


Y luego el “Bo-Bochini” como premio

bajando desde el grito de la hinchada.

Cuando en el verde se soltaba el genio,

chispeando el resplandor de otra jugada.


¡Grande, Bocha…!, vos no pasaste al bardo.

Si habrá que darle juego a la memoria

para dejar tu estirpe a su resguardo,

subiendo por el rojo de tu gloria.


Cuando no salgas más entre los once,

serán los lagrimones del rocío

los que en el pasto lloren y allí, entonces:

¿Con qué se llenará el domingo mío?


Cuando la “diez” del rojo no te abrigue,

yo buscaré en la tarde dominguera

-en la función que, pese a todo, sigue-

la semilla que siembre tu madera.


Buscaré por potreros y distancias,

en los picados donde floreciste

y hasta que no reencuentre aquella magia,

aunque no se me note, andaré triste…

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